Betsaida

O “Lugar de pesca”, era el pueblo natal de Felipe, Andrés y Pedro (Juan 1:44). Estaba situada en la llanura de Batia, al noreste de donde el río Jordán desemboca en el mar de Galilea. La llanura se extiende por tres kilómetros a lo largo del Jordán, y por un kilómetro y medio por el este hacia las montañas.

Er Tell es un pequeño montículo en la margen norte de la llanura que por lo general se identifica con Betsaida. Pero algunos creen que las ruinas llamadas EL-Araj, en la costa del mar, y directamente al este de donde desemboca el río, es el posible sitio de Betsaida, “el pueblo de los pescadores”.

Los restos mas impresionantes en este lugar son una entrada de la Edad de Hierro y dos grandes casas helénicas. La Casa del Pescador, mide 400 metros, y se cree que es una casa de pescador basados en el encuentro de dos tipos de redes de pesas de plomo, una pesa de plomo redonda de las llamadas tipo mosquete, y una aguja torcida de plata. Entre las monedas descubiertas en la casa había dos didracmas de plata de Demetrio I.

La llamada casa del vinicultor (251 metros) incluye un celar de vino sin tocar con cuatro jarrones helénicos completos y un arete de oro con el dibujo de un animal. También se hallaron numerosos ejemplos de costosas vasijas importadas. Un anzuelo y unas anclas fueron encontrados en la casa junto con 3 hoces de hierro.

Jesucristo pronunció un ¡ay! sobre esta ciudad por cuanto no se había arrepentido:

“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: !!Ay de ti, Corazín! !!Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras”. (Mateo 11:20-22)

El evangelio de Marcos también nombra esta ciudad, concretamente cuando Jesús anda sobre el mar:

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: !Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. (Marcos 6:45-50)

Un ciego fue allí sanado:

“Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo”. (Marcos 8:22-23)

Y fue allí cerca donde cinco mil personas fueron alimentadas:

“Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos”. (Lucas 9:10-17).